225 Elizabeth & Carlos

¿Cuándo aprenderemos a vivir sin miedo? ¿A equivocarnos sin el temor de ser rechazados, a nunca tener que pedir permiso cuando nos dedicamos simplemente a ser nosotros mismos? ¿A saber querer primero como amigos sin apresurar las cosas? Es muy difícil lograr distinguir una verdadera amistad de otra que empieza solo para coquetear en cualquier momento. Algunas personas coleccionan secretos y confianzas solo para buscar una alegría pasajera, para llenar egos e inseguridades que no pudieron decir al principio y que más bien, manipularon para disfrazar intereses superficiales. Por más que nos cueste o nos falte la paciencia para no adelantarnos, lo mejor es esperar a que una amistad fluya, a que se construyan las bases para algo más solido y así, no verla caer luego como un castillo de ilusiones. Entre amigos, como Elizabeth y Carlos, se pueden pasar momentos excelentes sin llegar a herir al otro, aprendiendo y compartiendo con y para el otro. Tal vez estemos sembrando una semilla que después nos dará sombra por muchos años. Instituto Nacional de Seguros, San José

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